A medida que bajan las temperaturas, nuestros oídos se vuelven más sensibles al frío, lo que provoca molestias, dolor de oído y alteraciones auditivas temporales. «Los cambios repentinos de temperatura generan cambios de presión en el ambiente, que el oído equilibra a través de la trompa de Eustaquio, un túnel que conecta el oído medio con la parte posterior de la nariz», explicó la Dra. Stefania Gonçalves, profesora adjunta del Departamento de Otorrinolaringología de la UAB. «Cuando estos cambios de presión se producen demasiado rápido, la trompa de Eustaquio tiene dificultades para adaptarse, lo que provoca sensaciones temporales de taponamiento, presión, dolor, oídos tapados o incluso breves alteraciones auditivas».
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