Cuando Shannon Kline supo hace seis años que tenía enfermedad renal poliquística, sabía que el diagnóstico podría llevarla algún día a un trasplante de riñón. La enfermedad renal poliquística es hereditaria en su familia. Tanto su abuelo como su madre recibieron trasplantes de riñón en la Universidad de Alabama en Birmingham, y sus médicos siempre habían controlado de cerca su función renal. Aun así, esta maestra de primaria de 44 años pensaba que la necesidad de cirugía estaba muy lejos.
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